La Comisión Europea ha dado un paso más en su pulso regulatorio con Meta. Según una investigación preliminar, la compañía habría incumplido la Ley de Servicios Digitales (DSA) al no evaluar correctamente los riesgos derivados del diseño de Instagram y Facebook, señalado como potencialmente adictivo para los usuarios, especialmente los más jóvenes.

De confirmarse las conclusiones, Meta podría verse obligada a rediseñar ambas plataformas para reducir mecanismos que fomentan un uso compulsivo, además de enfrentarse a una sanción económica de hasta 12.000 millones de dólares, una cifra que da la medida de cómo la UE está dispuesta a exigir responsabilidades a las grandes tecnológicas por el impacto de sus productos en la salud mental de los usuarios.

El caso se suma a una lista creciente de frentes abiertos entre Bruselas y las plataformas de Silicon Valley, y pone el foco en un debate que va más allá de lo puramente legal: hasta qué punto el diseño de una app puede considerarse una decisión de negocio legítima o un problema de salud pública. La resolución final aún está por llegar, pero el mensaje ya es claro.

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